¡Hola!
Aunque estemos en
verano, por nuestros campos, senderos, caminos, montes y montañas, las plantas
continúan floreciendo.
Las hay diminutas
que casi, casi, pasan desapercibidas.
Azules, blancas, amarillas...
Rosas silvestres, malvas y cardos...
Dientes de León: piensa un deseo, sopla fuerte para que vuelen sus semillas y... seguro que se cumplirá.
Amapolas
rojas y amapolas lilas…
Algún Iris
perdido entre matorrales…
Y ya no hablamos
de las que florecen en los balcones y jardines que tenemos en casa...
Hasta los cactus
y plantas crasas nos alegran la vista con sus flores….
Y qué decir de
los frutos rojos, dulces y sabrosos de las fresas del bosque…
Pero yo creo que
la flor reina del verano es el Girasol.
Los campos sembrados
de girasoles son un espectáculo para la vista.
Cada año me
maravillo con ellos, y hago fotos y fotos y más fotos.
Y, cómo no podría
ser de otra manera -y os lo explico con la boca pequeña y muy flojito-, cojo
unos cuanto para poner en un jarrón y decorar así mi casa.
Eso sí, procuro
coger los girasoles que crecen fuera del campo, en los márgenes; aunque no es
excusa, y sé que no se puede ir robando por los sembrados… ¡Pero es que son tan
bonitos!
¿Os habéis fijado
en el centro de las flores? Hacen unas formas preciosas.
¡Hasta pronto!





























