Paquetes... ¡cómo me gusta envolverlos!

lunes, 11 de noviembre de 2013


¡Hola chicas!

Alguna vez ya os he enseñado cómo envuelvo los paquetes que tengo que enviar por correo. No siempre hago fotos de ellos, ya que son muy parecidos, pero hoy os quiero enseñar cómo quedaron dos de ellos que tienen algo de especial.

Este es de una Muñeca con Corazón. Me la encargó mi amiga Núria para enviársela a una amiga suya. También hice el diseño de la felicitación que ella escribió.










Este otro ha viajado al otro lado del planeta… a Australia.  Para agradecer la compra, diseñé una tarjeta nueva y, ya puesta,  hice la etiqueta a juego.






¡¡¡Me encanta hacer paquetes!!! Estaría todo el día envolviendo y envolviendo paquetes y más paquetes…

Eso es todo por hoy, ¡nos vemos pronto!

Mesilla de noche restaurada

domingo, 3 de noviembre de 2013


¡Hola!

Hoy quiero enseñaros otro trabajo de restauración. Se trata de una mesilla de noche.Estaba en bastante mal estado. Por eso, quise llevármela e intentar devolverle algo del encanto pasado. Me gusta como ha quedado después de restaurarla.

La puerta estaba bastante mal. La chapa se había hinchado por la humedad y estaba desenganchada. También tenía algún desconchado.



Las patas delanteras llevan un adorno que estaba desencolado y roto.Los tiradores de la puerta y el cajón interior estaban oxidados, y la encimera de mármol se había perdido. Todo un desafio.


Desmonté la puerta para poder trabajar más cómodamente, y empecé con el decapado y lijado de todas las partes. La primera alegría fue el comprobar que los tiradores los pude recuperar perfectamente. Además de manera fácil y rápida.  Quedaron perfectos.



Después llegó la segunda alegría, el cajón interior y la parte interna de la mesilla, una vez decapada y lijada  también quedaron perfectos.



Pero faltaba la parte difícil: recuperar la puerta y las patas delanteras. Fue un trabajo meticuloso. Consistió en decapar, lijar, rellenar con cera los desconchados…, volver a lijar y encolar. Parecía que iba tomando forma y que me iba saliendo bastante bien. El resultado final, después de barnizar la mesilla y ponerle un mármol,  me sorprendió.







Me siento muy orgullosa del cambio. Ahora la mesilla está al lado de mi escritorio y en ella guardo un montón de cosillas.

Espero que os guste tanto como a mí.

¡Nos vemos pronto!



Restaurando un escritorio de los años 40

martes, 29 de octubre de 2013


¡Hola!

Unas de las cosas que me apasiona es la restauración de muebles y objetos viejos.
Para mí la restauración  empieza en el momento en el que descubro un mueble o un pequeño objeto en una almoneda  que me gusta, y lo llevo a casa.

Pienso en la historia que tiene, imagino en qué casa habría estado, quien era su propietario, qué secretos habría guardado,  ¡las cosas que nos podría contar si hablara…! Me gusta darles una segunda oportunidad, pues con  un poco de  esfuerzo recuperan su antiguo glamour y disfruto viéndolos  decorar  algún rincón de casa.

Este escritorio lo compré a mi “proveedor” de muebles viejos,  un almacén de almoneda de mi pueblo,  por el que me pasaba casi cada semana, a la búsqueda y captura de piezas que me enamoraran.

Me gustó por varios motivos: estaba casi en perfecto estado -por lo que el trabajo de restauración sería fácil-, porque enseguida visualicé donde lo pondría y... ¡porque en el fondo de uno de los cajones descubrí  un viejo sello de caucho de la empresa de donde procedía! ¡Me encantó el descubrimiento!   Me sentí como Sherlock Holmes deduciendo la procedencia del mueble y los datos de sus antiguos propietarios.

El proceso de restauración fue sencillo, pero un poco largo. En las fotos podréis observar el cambio del antes y el después.

Lo primero que hice fue decapar el mueble para retirar el barniz antiguo. A continuación, lo lijé con un estropajo de acero muy finito para quitar los restos del barniz y de decapante. Llegado a este punto -y como medida de precaución ya que estaba muy bien conservado, con una brocha, le di varias capas de mata carcomas. Extendí el producto por todo el escritorio y, en los pocos agujeritos que tenía, lo inyecté con una jeringa. Dejé que se impregnara bien la madera.



Pasados unos días, tapé los agujeros con cera. Las hay en diferentes tonos y hay que hacer servir la que se asemeje más al color de la madera. Acto seguido repasé con papel de lija de grano muy fino todo el mueble.


Llegado a este punto, sólo faltaba limpiar bien para que no quedase polvo del lijado y barnizar.  Usé un barniz al agua transparente y satinado. Otra opción es aplicar cera, pero como le iba a dar mucho uso, creí que quedaría más protegido y sería más fácil de conservar si lo barnizaba.

Para acabar, forré los cajones con papel de regalo.

Y este es el resultado. Espero que os guste.

¡Nos vemos pronto!
   
  




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